Roles
Que fuimos manjares muy mal maridados
es algo que supe al primer entremés.
Tenías un cierto complejo de cava
y yo no pasaba de tinto peleón.
Poca cosa, pienso
para embriagarnos el uno al otro.
La vida ya me había cocinado,
poco hecho,
en verdad,
pero con un punto picante y agrio.
Tú sólo eras
la masa de un dulce casero
todavía sin cocer
con aspiraciones de coulant
si, algún día,
te hubieras decidido a entrar en el horno.
Yo no tenía mal gusto,
pero ya había conocido el hambre
y podía comer pan duro.
Tú mantenías aquel papel de gourmet,
oliéndome con la nariz arrugada
y mostrando,
sin pudor,
que no había sitio para mí,
en el presunto paraíso
de tu paladar.
Ambos morimos de esa inanición
que los juzgados,
bostezando,
llamaban divorcio.
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