El viento
Que el viento no susurre más tu nombre,
que grita cada día con más fuerza;
hoy mismo se diría que los árboles
se quieren desprender de sus raíces
y ser llevados lejos,
arrastrados
por ecos de esa voz incontenible.
Que el viento no me brame por las noches,
con aires de grandeza innecesaria;
me niego a que me imponga tu sonido,
me niego a respirarte si me obliga,
me niego a estar rodeado
de esa atmósfera viciada
por el tóxico dictado del vocablo
que el viento vocifera
al llamarte.
Etiquetas: Climatología, El inusual desparpajo del paquidermo anestesiado, Viento

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