viernes, octubre 16, 2026

Eternidad

 Y el dios miró hacia abajo, deprimido,

el día que nacía en los humanos,

activos, proletarios y optimistas,

alguno incluso orando hacia los cielos.


Miró con la desgana de milenios

cansado de expresiones de esperanza,

incluso en los incautos

que aquella misma tarde

tenían que morir.


Y en cambio el viviría para siempre,

contando amaneceres repetidos,

sin otros incentivos que observar

a estúpidos humanos,

castigarles

y oírles las plegarias,

tapándose la cara con la mano,

hastiado de las quejas pusilánimes,

de vidas diminutas y mediocres.


Los dioses nunca acuden al psiquiatra,

y a veces padecía depresiones,

en forma de epidemias,

guerras y desastres.


Mas luego la conciencia le afligía,

culpándose de hacer que los humanos

pagaran su deseo inalienable

de darles la razón

a algunos

y no existir.

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