Eternidad
Y el dios miró hacia abajo, deprimido,
el día que nacía en los humanos,
activos, proletarios y optimistas,
alguno incluso orando hacia los cielos.
Miró con la desgana de milenios
cansado de expresiones de esperanza,
incluso en los incautos
que aquella misma tarde
tenían que morir.
Y en cambio el viviría para siempre,
contando amaneceres repetidos,
sin otros incentivos que observar
a estúpidos humanos,
castigarles
y oírles las plegarias,
tapándose la cara con la mano,
hastiado de las quejas pusilánimes,
de vidas diminutas y mediocres.
Los dioses nunca acuden al psiquiatra,
y a veces padecía depresiones,
en forma de epidemias,
guerras y desastres.
Mas luego la conciencia le afligía,
culpándose de hacer que los humanos
pagaran su deseo inalienable
de darles la razón
a algunos
y no existir.
Etiquetas: Dioses, El inusual desparpajo del paquidermo anestesiado, Eternidad

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