El portero
—No
me jodas— reclamó Paco al auricular del teléfono. —¿Para cuánto tiempo?
Francisco
Traverso, Paco Tracatrá para todos, presidente durante años de la Asociación de
Peñas Cadistas y, desde las últimas elecciones tras la dimisión de
Vizcaíno, del Cádiz C.F., se enfrentaba aquel treinta y uno de enero a la
situación más compleja que jamás se encontrara ningún alto cargo deportivo.
—¿Y
eso con un buen fisioterapeuta no se le pasa? — preguntó angustiado.
La voz
al otro lado del teléfono pertenecía a Antonio Benjumea, jefe de los servicios
médicos del club.
—Paco,
es una fractura de fémur— aclaró el doctor, refiriéndose a "Conan"
Ledesma.
—Entiendo,
entiendo... ¿Y los otros?
—Pues...
David tiene para ocho meses y los del B para dos y cuatro meses.
—¿Y
los juveniles? —
La
situación era dramática. Los dos porteros del primer equipo, los tres del Cádiz
B y los juveniles, todos, estaban lesionados a la vez y para larga
duración. Era el día de cierre del mercado de invierno y, para colmo,
estaba ingresado en la planta de cardiología del Puerta del Mar, después de un
doble by pass tras la última derrota cadista.
—Los
juveniles lesionados también. El único sano es Robledillo, y el padre lo
ha retirado del equipo por malas notas— informó el galeno.
—Bien,
bien, consígueme el número del padre de Robledillo. Hay que convencer a ese hombre
como sea.
—Te
llamo en cuanto lo tenga.
Juani
entró en ese momento en la habitación con un par de bolsas.
—¡Paco!¡Tienes
prohibido hablar por el móvil!
—Juani,
esta es una situación límite. Como no encontremos un portero nos vamos a
segunda. Sufrimos una epidemia— respondió airado, a punto de reventar los
botones del pijama.
—Y si
te da otro infarto... ¿Qué hago yo? — planteó firmemente su esposa.
—Tengo
que hacer dos llamadas, Juani. Solo dos llamadas. Que nos cierran el mercado
dentro de ocho horas y me veo poniendo al Pacha Espino de portero— suplicó el
presidente.
—Como
me dejes viuda te mato, Paco.
Paco
restó importancia al comentario y pulsó el contacto de su director deportivo,
el ex futbolista Sergio Rengifo.
—Sergio,
por tu madre, dime que tienes a alguien.
Al
otro lado, Sergio carraspeó.
—Tengo
a un portero ruso: Mamonenko. Internacional sub-21. Veinte años, metro
noventa y cuatro de estatura. Tiene que salir del Spartak de Moscú por algunos
problemillas legales y nos lo dejarían barato. Trescientos mil euros y coge el
primer avión.
—Ole
tus huevos, Sergio. Te como la cara— y, luego de reflexionar unos instantes,
preguntó —¿Qué problemillas legales son esos, Sergio?
Sergio
volvió a aclararse la voz
—A
ver, Paco, es que el muchacho es un poquito gay y ya sabes que Putin no tolera
eso mucho allí en Rusia— respondió algo azorado.
—Por
el amor de Dios, Sergio, ¿vas a traer a Cádiz a un portero gay llamado
Mamonenko? ¡¡¡Que el cachondeo va a ser histórico!!!
—Paco,
es lo que hay—replicó el mánager.
—¿Es
viable resolverlo esta tarde? — planteó Paco, al que Juani estaba a punto de
estrangular.
—Haré
todo lo posible.
—Bien,
arréglalo y avísame cuando sea oficial—ordenó el maltrecho presidente
finalizando la llamada.
Juani
lo miraba enfadada.
—Esto
no puede seguir así, Paco. Antes éramos felices, íbamos al fútbol juntos y
disfrutábamos de la afición con nuestros hijos y nuestros amigos. Pero esto se
ha vuelto enfermizo. Y no lo digo porque veas los partidos en el palco, rodeado
de empresarios y políticos, entre gin tonics y canapés. Es que tú dedicación al
Cádiz es exclusiva. Te está costando la salud y te va a costar la familia. ¿Cuánto
hace que no ves a tu nieta, Paco?¿Cuánto hace que no cenamos juntos?
Paco
aguantó el chaparrón estoicamente, asintiendo lentamente.
—Lo sé,
Juani. Tienes razón. Yo solo estoy intentando mantener al equipo en
primera y sanear las cuentas sin chanchullos. Ser el presidente que siempre he
querido tener. Te dije que sería duro y te pareció bien. ¡Me apoyaste! — se
defendió.
— Te
apoyé porque sé que es importante para ti y porque estoy convencida de tu
honestidad. Pero llevas un año desaparecido y ni el infarto te ha detenido.
Pensé que ahora te lo tomarías con más tranquilidad, pero veo...
El
teléfono interrumpió a Juani. Paco miró la pantalla y vio que de nuevo era
Sergio. Hizo un gesto de súplica y descolgó.
—Paco,
no sé cómo decirte esto... Putin ha fusilado a Mamonenko esta misma tarde— se
excusó Rengifo.
Paco
colgó sin decir nada.
—El
fútbol o yo, Paco— sentenció Juani.
—Juani...
¿tú alguna vez has jugado de portera?
Etiquetas: Relato Corto

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