miércoles, septiembre 30, 2026

El portero

 

 —No me jodas— reclamó Paco al auricular del teléfono. —¿Para cuánto tiempo?

Francisco Traverso, Paco Tracatrá para todos, presidente durante años de la Asociación de Peñas Cadistas y, desde las últimas elecciones tras la dimisión de Vizcaíno,  del Cádiz C.F., se enfrentaba aquel treinta y uno de enero a la situación más compleja que jamás se encontrara ningún alto cargo deportivo.

—¿Y eso con un buen fisioterapeuta no se le pasa? — preguntó angustiado. 

La voz al otro lado del teléfono pertenecía a Antonio Benjumea, jefe de los servicios médicos del club.

—Paco, es una fractura de fémur— aclaró el doctor, refiriéndose a "Conan" Ledesma.

—Entiendo, entiendo... ¿Y los otros?

—Pues... David tiene para ocho meses y los del B para dos y cuatro meses.

—¿Y los juveniles? —

La situación era dramática. Los dos porteros del primer equipo, los tres del Cádiz B y los juveniles, todos, estaban lesionados a la vez y para larga duración.  Era el día de cierre del mercado de invierno y, para colmo, estaba ingresado en la planta de cardiología del Puerta del Mar, después de un doble by pass tras la última derrota cadista. 

—Los juveniles lesionados también.  El único sano es Robledillo, y el padre lo ha retirado del equipo por malas notas— informó el galeno.

—Bien, bien, consígueme el número del padre de Robledillo. Hay que convencer a ese hombre como sea.

—Te llamo en cuanto lo tenga.

Juani entró en ese momento en la habitación con un par de bolsas.

—¡Paco!¡Tienes prohibido hablar por el móvil!

—Juani, esta es una situación límite. Como no encontremos un portero nos vamos a segunda. Sufrimos una epidemia— respondió airado, a punto de reventar los botones del pijama.

—Y si te da otro infarto... ¿Qué hago yo? — planteó firmemente su esposa.

—Tengo que hacer dos llamadas, Juani. Solo dos llamadas. Que nos cierran el mercado dentro de ocho horas y me veo poniendo al Pacha Espino de portero— suplicó el presidente.

—Como me dejes viuda te mato, Paco.

Paco restó importancia al comentario y pulsó el contacto de su director deportivo, el ex futbolista Sergio Rengifo.

—Sergio, por tu madre, dime que tienes a alguien.  

Al otro lado, Sergio carraspeó.

—Tengo a un portero ruso: Mamonenko.  Internacional sub-21. Veinte años, metro noventa y cuatro de estatura. Tiene que salir del Spartak de Moscú por algunos problemillas legales y nos lo dejarían barato. Trescientos mil euros y coge el primer avión. 

—Ole tus huevos, Sergio. Te como la cara— y, luego de reflexionar unos instantes, preguntó —¿Qué problemillas legales son esos, Sergio?

Sergio volvió a aclararse la voz

—A ver, Paco, es que el muchacho es un poquito gay y ya sabes que Putin no tolera eso mucho allí en Rusia— respondió algo azorado.

—Por el amor de Dios, Sergio, ¿vas a traer a Cádiz a un portero gay llamado Mamonenko? ¡¡¡Que el cachondeo va a ser histórico!!!

—Paco, es lo que hay—replicó el mánager.

—¿Es viable resolverlo esta tarde? — planteó Paco, al que Juani estaba a punto de estrangular.

—Haré todo lo posible.

—Bien, arréglalo y avísame cuando sea oficial—ordenó el maltrecho presidente finalizando la llamada.

Juani lo miraba enfadada. 

—Esto no puede seguir así, Paco. Antes éramos felices, íbamos al fútbol juntos y disfrutábamos de la afición con nuestros hijos y nuestros amigos. Pero esto se ha vuelto enfermizo. Y no lo digo porque veas los partidos en el palco, rodeado de empresarios y políticos, entre gin tonics y canapés. Es que tú dedicación al Cádiz es exclusiva. Te está costando la salud y te va a costar la familia. ¿Cuánto hace que no ves a tu nieta, Paco?¿Cuánto hace que no cenamos juntos?

Paco aguantó el chaparrón estoicamente, asintiendo lentamente. 

—Lo sé, Juani. Tienes razón.  Yo solo estoy intentando mantener al equipo en primera y sanear las cuentas sin chanchullos. Ser el presidente que siempre he querido tener. Te dije que sería duro y te pareció bien. ¡Me apoyaste! — se defendió.

— Te apoyé porque sé que es importante para ti y porque estoy convencida de tu honestidad. Pero llevas un año desaparecido y ni el infarto te ha detenido. Pensé que ahora te lo tomarías con más tranquilidad, pero veo...

El teléfono interrumpió a Juani. Paco miró la pantalla y vio que de nuevo era Sergio. Hizo un gesto de súplica y descolgó.

—Paco, no sé cómo decirte esto... Putin ha fusilado a Mamonenko esta misma tarde— se excusó Rengifo.

Paco colgó sin decir nada.

—El fútbol o yo, Paco— sentenció Juani.

—Juani... ¿tú alguna vez has jugado de portera?

 

 

 


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