Noviazgo
Vivimos un noviazgo singular
las tardes con permiso de visita;
yo hacía de un amante casi anónimo
y tú de la mejor madre del mundo.
Flotabas sosegada en las lagunas
recónditas y turbias de tu mente
pensando que yo no era mal muchacho
e incluso resultaba familiar.
Y así, yo me colgaba en tu sonrisa
fingiendo ser tu iluso pretendiente,
llevándote en volandas por el brazo
y hallando a una mujer desconocida.
Y luego, al transcurrir una semana
de nuevo comenzaba desde cero;
forjaba en el cortejo una costumbre
y tú te divertías tan feliz.
Una última ocasión de descubrirte
tan libre de ataduras y complejos;
sin duda fue el mayor de los regalos,
que nunca se corrompe ni prescribe.
Etiquetas: Amor, El inusual desparpajo del paquidermo anestesiado

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