Le ruego, señorita
Le ruego, señorita, que se abstenga
de hacer que la respire de sus poros;
poseo un corazón desguarnecido
que puede malherirse en ese afán.
Le ruego que no siembre su entusiasmo
en esta piel vencida por el tiempo,
en este aglomerado de tejidos
quebrados por la miel y la derrota.
Le ruego, por favor, no me sonría,
no abuse de mis armas descarnadas
ni vierta en mis desagües su dulzura.
No anide en mi semblante ni me aborde;
pues sé que si me arranca un solo
gesto
mañana hará terríficas crueldades.
Etiquetas: Amor, El inusual desparpajo del paquidermo anestesiado, Tentación

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