domingo, septiembre 27, 2026

Roles

 Que fuimos manjares muy mal maridados

es algo que supe al primer entremés.

Tenías un cierto complejo de cava

y yo no pasaba de tinto peleón.

Poca cosa, pienso

para embriagarnos el uno al otro.

La vida ya me había cocinado,

poco hecho, 

en verdad, 

pero con un punto picante y agrio.

Tú sólo eras

la masa de un dulce casero

todavía sin cocer

con aspiraciones de coulant

si, algún día,

te hubieras decidido a entrar en el horno.

Yo no tenía mal gusto,

pero ya había conocido el hambre

y podía comer pan duro.

Tú mantenías aquel papel de gourmet,

oliéndome con la nariz arrugada

y mostrando,

sin pudor,

que no había sitio para mí,

en el presunto paraíso

de tu paladar.

Ambos morimos de esa inanición

que los juzgados,

bostezando,

llamaban divorcio.


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El mapa de lo que no dijimos

 Bebo tu nombre en la taza del café

solo y  amargo, tal y como siempre fue.

Guardo tu carta

sin haberla recibido

dentro de un libro 

que jamás terminaré.

Dime qué parte de nosotros

se quedó en aquel portazo, 

si cuando barriste 

rescataste algún pedazo.


Este es el mapa de lo que no dijimos,

calles sin salida que me llevan contigo,

mar de servilletas con proyectos torcidos,

brújulas girando sobre lo perdido,

y aún así,

me sé de memoria el camino.


Sueño tu risa

en pasillos solitarios

te compro flores

y las guardo en el armario


Cambio de tema

cuando escucho tu apellido,

hago chistes malos

o finjo estar dormido


Dime

si cuando cae la lluvia

también cambias de acera

si al doblar la esquina

todavía esperas que aparezca


Este es el mapa de lo que no dijimos

calles sin salida que me llevan contigo

mar de servilletas con proyectos torcidos

brújulas girando sobre lo perdido

y aún así

me sé de memoria el camino.


Tal vez en otra vida

lograré llegar temprano

sabré decir me quedo

antes de soltar tu mano


Tal vez en otra calle

nuestros pasos sean más sabios

y quizás nuestras palabras

no se mueran en los labios


Este es el mapa de lo que no dijimos

calles sin salida que me llevan contigo

mar de servilletas con proyectos torcidos

brújulas girando sobre lo perdido

y aún así

me sé de memoria el camino





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Maremágnum

 No lloro por ti

yo creo que me ha entrado algo en el ojo

y no me importa nada descubrir 

que para ti fui simple antojo.

No siento un agujero en las entrañas

ni una insoportable pena

y es anecdótico que aquella lágrima

se perdiera en la arena.

La gota que ha colmado el lagrimal

estaba prisionera,

se sirve de este error sentimental

para ser pasajera 

se mezcla con el agua y con la sal

sin patria ni frontera

y escapa de este estrecho litoral

una lágrima viajera.


No lloro por ti 

tal vez se me ha alojado un cuerpo extraño,

y siento que carece de importancia que me hayas hecho daño.

No albergo ni una brizna de despecho 

por matar nuestro futuro

y el llanto que ahora vierto en el Estrecho 

se llena de hidrocarburos. 

La lágrima viajera y emigrante

de la estrofa pasada 

se mezcla con oscuro carburante 

quedándose impregnada,

Revuelta en semejante maremágnum 

casi se desintegra.

Nos deja, como Bebo y el Cigala

una lágrima negra.


No lloro por ti, 

(es que estaba pelando una cebolla),

ni por echar vinagre en mis heridas 

ni sal en mis ampollas.

No creas que me afecta en absoluto 

la maldad de tu abandono

ni pienses que voy a guardarte luto,

que no te lo perdono. 

La lágrima rebelde e inflamable,

gota de queroseno,

ardiendo en esta historia interminable

el día del estreno, 

lavada por la lluvia torrencial

navega a la deriva

y mi ojo deposita en el umbral

una lágrima furtiva.



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Estoy vivo

 A veces, solo a veces

me cruzo una mirada

que dice "no te atreves",

retando sin palabras;

que desata una espiga

en mi aburrido electro

después de tantos meses

sin señales de vida.

A veces, solo a veces

me cruzo una sonrisa

cargada de glucosa;

de las perjudiciales

que matan a cualquiera

menos a este diabético

con cifras por los suelos

que muere por besarla 

y así sobrevivir.

A veces, solo a veces

estalla alguna risa

que bien podría estar

compuesta por Beethoven;

que rompe mis ensueños

y viene a recordarme

que incluso no estoy muerto,

tan solo me he dormido

un poco

de mí mismo.

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Una parte de ti

 Hay una parte de ti que no espera nada;

si acaso que baje la marea,

que amaine la tormenta,

que pasen los días

diluyendo el amargo sabor

de las lágrimas secas.

Si acaso que se acalle el rumor,

sordo, que pace dentro,

que se canse de murmurar

secretos a voces,

verdades a medias,

mentiras piadosas

y aguijones almendrados,

que matan un poco

los días que la cama

da un gélido abrazo solitario

y apaga los pulsos

y aterra a los ojos,

que se niegan a cerrarse

a menos que los anestesies

con lágrimas amargas

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A Álvaro Arriaza

 Si nadie va a morirse por sus huesos

lo mismo que lo haría un traumatólogo,

no juzguen las novelas por el prólogo

ni duden que el buen Álvaro es de esos.


Y sé que habrá algún día legendario

que cosa singularmente un disfraz

que vuelva cantautor a este rapaz

y triunfe más allá del escenario.


En tanto seguirá siendo poeta

rimando poco a poco hasta la meta

quebrantos y románticas verdades.


Hoy sabe que es un año algo más viejo

y yo que lo vigilo desde lejos

le quiero desear ¡¡Felicidades!!

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jueves, agosto 06, 2026

Manual para un desastre compartido

 Tal vez nos conocimos algo tarde,

a la hora en que los bares han cerrado,

o duelen demasiado las canciones

para oírlas con sueño y sin alcohol.


Traías un dossier de cicatrices,

incluso con notorias referencias;

yo estaba despedido de mí mismo

por vago y reincidente en la nostalgia.


Pedimos en la barra dos martinis

cansados de beber nuestras excusas.

Brindamos por los dos que fuimos antes

de vernos en aquella mesa coja.


Tú hablabas del amor como quien habla

de un fraude perseguido por hacienda,

con esos cuidadosos tecnicismos

de aquel que no lo encuentra muy legal.


Y yo, como es normal, solo asentía,

pues era de los tipos que en septiembre

lograba superar asignaturas

que nadie se atrevía ni a cursar.


Y claro, finalmente, nos besamos,

igual que dos ladrones debutantes

que ignoran si en verdad eso es un robo

o están poniendo cosas en su sitio.


Después vinieron días cotidianos,

cargados de pan duro y café tibio,

peleas por pamplinas trascendentes

y métodos de, al fin, hacer las paces,

que solo se veían en el cine.


Y en esas aprendimos a querernos,

sin red, sin garantías, sin seguro,

con algo de ese estúpido entusiasmo

que pones al montar, sin instrucciones,

un mueble que jamás se tiene en pie.


Pues tú dejabas luces encendidas

en zonas de la casa inhabitadas,

y yo apagaba incendios adoptivos

que luego nadie había declarado.


Pues éramos la cruel contradicción

de sábanas planchadas con resaca

sonriendo en una tarde de domingo.


Llegamos a jurar no hacernos daño,

que es el proceder más elegante,

de aquellos que en el fondo van a hacerlo.


Igual que los relojes fracturados,

había dos instantes en el día

que dábamos, unidos, la hora exacta.


Y entonces, hubo un martes al azar

—los dramas siempre escapan de los viernes—

que anclaste ante mis ojos tu mirada ,

con esa claridad insoportable

que tienes cuando has hecho las maletas

y todo el equipaje en tus adentros.


Dijiste: "esto no es amor"


Y yo, 

que siempre me guardé una despedida,

colgado de un abrazo imaginario,

te di la razón.


Aquello no era amor.


Era peor.


Era de verdad.




Ganador del III Premio de Poesía "Manolita Espinosa" de Almagro en 2026

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miércoles, agosto 05, 2026

A Juan Miguel Portillo

 Con Juan pasa a menudo, y sin razón,

que vemos al pirata, al mosquetero,

la espada, el octosílabo, el sombrero,

la chanza, la pericia, la intención.


Y Juan tiene un enorme corazón 

que late con la fuerza de un guerrero,

un sístole de noble caballero

que monta la cabeza de un dragón.


A Juan, que con las rimas hace magia,

le brota una poética hemorragia

de imágenes, de estrofas y versículos.


Y, en cambio, lo mejor de sus poemas

es siempre que te rompen los esquemas,

y salen del calor de sus ventrículos.

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lunes, agosto 03, 2026

El último habitante de este mundo

  Los virus infestaron el planeta

y luego nos llovieron meteoritos,

los campos, arrasados y marchitos,

lloraron la extinción casi completa.


Los mares desaguaron en la grieta

que abrieron terremotos inauditos,

volcanes proyectando megalitos,

y el cráter del impacto de un cometa.


Quedaron sin cervezas en los bares,

ardieron arsenales nucleares,

y el núcleo emergió de lo profundo.


Y aquí pervivo yo, tan vivaracha;

yo soy la sempiterna cucaracha, 

el último habitante de este mundo.


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martes, julio 21, 2026

Al mar

 Al mar solo le pido que se quede,

que nunca se retire de mi lado.

Al mar solo le pido que el pescado

lo traiga sin petróleo si puede.


Al mar solo le pido que si hiede

intente maloler por otro lado.

Al mar solo le pido, consternado,

que inunde a todo aquel que ensucie adrede.


Al mar solo le pido, por favor,

que nunca nos sustraiga su sabor

salado, dulce, amargo, incluso umami.


Al mar solo le pido, si se va,

que no regrese raudo desde allá

con toda la violencia de un tsunami.



De "El próximo tsunami"


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sábado, junio 27, 2026

Seres fantásticos y cómo domesticarlos

 Vampiro, cuando bebo de tus venas,

licántropo, si beso a dentelladas,

demonio, si profano tus almohadas,

fantasma, cuando arrastro mis cadenas.


Mutante, cuando cambio por las buenas,

dragón, si enciendo llamas apagadas,

gigante, cuando borro tus pisadas,

pirata, si no escucho a las sirenas.


En cambio, soy tan solo un ser humano,

respondo por mi esencia y por mi nombre,

me enfado, me entusiasmo y me encariño.


A veces me alimento de tu mano,

a veces bueno y malo, como un hombre,

a veces en tus brazos, como un niño.


 



De "El próximo tsunami"


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miércoles, junio 24, 2026

Las palabras

 Y yo, con tantas cosas que decir

y tú, con tantas vidas que contar,

pasamos tantas noches frente al mar

que no nos daba tiempo de dormir.


Teníamos un dulce porvenir,

las manos, preparadas para amar,

dos almas para abrir de par en par

y muchas cosas nuevas por vivir.


El tiempo, en sus mordiscos tan feroces,

después se fue llevando nuestras voces,

sembrando la distancia a su capricho.


Al fin, recolectamos un adiós,

un íntimo silencio para dos

callados, porque estaba todo dicho.





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