viernes, octubre 16, 2026

Era un invierno frío

 Era un invierno frío,

de aferrarse con ambas manos

a la taza de café,

de anclarse a la franela

bajo el edredón,

de eternas e hirvientes duchas

prolongadas,

por miedo a salir húmedo y desnudo,

vulnerable.

Era un invierno

de reventar las puertas del infierno

y pedir asilo político

hasta que vinieran tiempos mejores.

Era un invierno despiadado y,

lo peor,

es que sucedió en pleno agosto,

justo a la hora 

en que nos dijimos adiós.

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Hablando solo

 Me vuelvo a despertar hablando solo

y no hay ningún sentido funcionando;

los cinco ya serían los catorce

que marco en mi quiniela de los lunes.


El viento se ha metido en mis entrañas

helando sin amor cada resquicio,

soplándome respuestas de un examen

que llevo suspendiendo media vida.


Conozco el mecanismo rutinario

que rige el laberinto de mi incendio

en medio de marchitos extintores.


Lo sé, ya me lo han dicho las arañas

y el eco de mi arteria pusilánime:

el sueño va a pillarme hablando solo.






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Ángel exterminador

 Con la espada flamígera en la mano

saldría justiciero en la mañana:

igual que aquel D-Fence de Michael Douglas

un ángel de exterminio controlado.

A aquel que se recrea en doble fila,

a aquel que vocifera por las calles,

a aquel que deja mierdas por el suelo,

a aquel tan especial que no hace cola...

iría seccionando

cabezas por doquier;

aviso a navegantes

gamberros e inciviles.

Me dice mi psiquiatra

que soy muy vengativo;

el tipo es muy gracioso...

y me las va a pagar.


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Estado de amor

 Queda instaurado el estado de amor:

todos los seres

humanos, o casi,

están obligados

según se legisla

a dar amor, afecto o cariño,

en la medida que sea,

al menos a una persona de su elección.

Sepan que en caso

de rebeldía absoluta,

de apegos raquíticos

y miseria emocional

habrá fuertes multas,

sanciones y castigos,

a saber:

se condenará a caricias

a aquel insurgente

que niegue ternura;

con pena de besos

a aquellos que sientan

con cuentagotas;

y tendrán abrazos forzados

los pobres de espíritu

sin sentimientos

ni un atisbo parecido

de humanidad.

Si esto no fuera suficiente,

a todo aquel amargado pertinaz

que no pueda transmitir 

algo a un semejante,

le será asignado un perro de oficio,

o un gato,

para que aprenda un poco de bondad

de la que muy bien son expertos los animales,

antes de ser condenados

al aislamiento más absoluto

a perpetuidad,

por su insensibilidad manifiesta.


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Quisiera ser

 Quisiera ser 

el que veía mi madre,

el que admiraron mis hijos,

el que idolatra mi perra.

Querría ser tan noble y repeinado,

tan listo, tan capaz,

tan cariñoso,

como salía en la película

de sus pupilas,

hasta que las cerró para siempre

con el cartel de "The End".

Querría ser tan fuerte

e invencible,

y quizás abigarrado 

como era en los dibujos 

que hacían en el cole,

y desatar las risas

incontenibles

que había antes de que crecieran.

Querría ser el dios

que lame incensante,

proveedor de alimento

de caricias y paseos.

No sé si son sus ojos,

o el tiempo,

o quizá la miopía inoperable

que llevo por dentro.




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El viento

 Que el viento no susurre más tu nombre,

que grita cada día con más fuerza;

hoy mismo se diría que los árboles 

se quieren desprender de sus raíces

y ser llevados lejos, 

arrastrados

por ecos de esa voz incontenible. 

Que el viento no me brame por las noches,

con aires de grandeza innecesaria;

me niego a que me imponga tu sonido,

me niego a respirarte si me obliga,

me niego a estar rodeado

de esa atmósfera viciada

por el tóxico dictado del vocablo

que el viento vocifera

al llamarte.


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Burbujas

 Una burbuja grávida,

un hogar dramatizado,

la cúspide del podio de los mundos,

medalla de oro en las rutinas,

en las multas,

en la depresión,

en lo inadmisible que parece

que no haya leche sin lactosa,

que el cortado llegue frío

o que se haya colado un tipo en el parking

que, probablemente,

va lastrado con sus propios problemas

tal vez intrascendentes.

Una pesada pompa,

una frágil frontera con lo humano

que aísla a las personas de las pieles,

a las mangas de los abrazos,

a las braguetas 

de la dulce comunión de los sentidos,

a los ojos de las cómplices miradas

y los guiños.

Un glóbulo tan grave,

tan trascendente,

en el que todo tiene tal importancia

que un día, la tierra

se abre antes nuestros pies

y todas las nimiedades desaparecen;

bajamos dos peldaños

en el podio

y ya somos tercer mundo.


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Eternidad

 Y el dios miró hacia abajo, deprimido,

el día que nacía en los humanos,

activos, proletarios y optimistas,

alguno incluso orando hacia los cielos.


Miró con la desgana de milenios

cansado de expresiones de esperanza,

incluso en los incautos

que aquella misma tarde

tenían que morir.


Y en cambio el viviría para siempre,

contando amaneceres repetidos,

sin otros incentivos que observar

a estúpidos humanos,

castigarles

y oírles las plegarias,

tapándose la cara con la mano,

hastiado de las quejas pusilánimes,

de vidas diminutas y mediocres.


Los dioses nunca acuden al psiquiatra,

y a veces padecía depresiones,

en forma de epidemias,

guerras y desastres.


Mas luego la conciencia le afligía,

culpándose de hacer que los humanos

pagaran su deseo inalienable

de darles la razón

a algunos

y no existir.

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Magia blanca

 El hechicero de gafas y bata blanca

le daba pura magia encapsulada

y el rito resultaba bien sencillo.

Un vaso, agua, una lengua,

sin más conjuro 

que el ruido al tragar de la garganta.

Cerrar los ojos y esperar:

al fin de los problemas,

al cese de las voces,

al mundo detenido;

al cuero del bozal para emociones,

al filtro de la puta taquicardia,

a aquella colchoneta tan mullida,

al fondo del abismo,

volviendo las caídas un suceso,

quizás irrelevante,

y a veces tan inocuo.

Las cápsulas de magia incomprensible

que hacían el trabajo,

la trágica tarea,

de aquellos sortilegios misteriosos

que no aprendió de niño,

quizá porque sus padres insistían

en darle la hamburguesa masticada.


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Celdas

 Andábamos absortos por el mundo

en cárceles portátiles y aladas,

tomándole cariño a los barrotes

y amando los cerrojos y sus llaves.


Las alas que brotaban de las lágrimas 

con plumas inflamables y plomizas

volaban ellas solas a lo lejos

diciéndonos adiós sin apetito. 


Y entonces se abrieron

las puertas del cielo 

y todos corrimos

a cerrarlas.

Y tantos suspiros, 

globales, sincrónicos,

tornaron en un huracán. 


Y allí, parapetados en las celdas

inmunes a los vientos indomables

miramos a la cámara sonriendo,

e hicimos un morrito para el selfie.


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Inspiración

A veces sin quererlo pulsas teclas

que siembran mi cabeza con palabras;

germinan y dan frutos impensables

que cuesta imaginar que fueran míos.


Instalas ventanales en mi mente

que orean y ventilan mis creencias,

arrojas luz y todo está más claro

filtrado en aquel orden inaudito.


Y encuentro los versos

cosidos con hilos

que tejes con una mirada.

Y hay música puesta,

la orquesta  que dice

que un día debemos bailar.


Y todo está en el sitio conveniente,

el sitio en el que dejas las semillas

discretas, donde yo pueda encontrarlas

y escriba una canción que un día sea

la banda sonora en nuestros besos.


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Reciclaje

 Observo las basuras

quizá con cierta envidia.

Algunas han cumplido

con un ciclo vital.

En cambio los cartones,

los plásticos, los sobres,

los versos de un amante,

los avisos de embargo,

las botellas de vino

de cenas con velitas,

las notas de los niños,

el informe del médico,

la carta de despido

o el papel de regalo

esperan otra vida,

comienzos desde cero,

volviendo redimidos

después del reciclaje.

Por eso siento celos

y a veces echo en falta

algún contenedor

para humanos usados.

Quizás así pudiera

sentirme renacido

y hacerme la ilusión

o acaso la esperanza

de comenzar de nuevo

a cometer errores.




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Vivo o muerto

 Yo creo que en el fondo no estoy muerto,

si acaso, me he dormido en mi cadáver;

el aire se ha cogido vacaciones

dejando a mis pulmones en el paro.

Yo creo que en verdad no estoy difunto

aunque hoy tenga latidos de fogueo,

o en huelga de ventrículos caídos

y exhaustos en el campo de batalla.

Yo creo que aún estoy entre vosotros

y el caso es que a menudo tengo dudas

que están en la otra cara del papel.

Por mucho que trabaje, gaste y vote,

por mucho que tribute y que consuma

no sé sinceramente si estoy vivo.

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Conste en acta

 Yo sé que algunas veces sin quererlo

has puesto tus sonrisas a mi nombre;

quizá tan solo fueran las migajas

que le lanzas distraída a las palomas.


El caso es que son todos mis ahorros,

el mísero montante de mi cuenta,

la escasa gasolina en el depósito

en tiempos de escasez de carburante.


Y no voy a caer en la bajeza

de hablarte de los rasgos evidentes

que ves todos los días en tu espejo.


Me quedo con que conste en los papeles

que alguna vez tus labios se curvaron

y fueron para mí por un instante.

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No perder los papeles

Hay estudios que sostienen

que una tortura intangible,

un goteo persistente,

un taladrar impalpable,

un martirio innecesario,

una muerte exasperante,

una cuchilla en el alma,

un desangrar perezoso,

un enfermar en domingo,

una punzada alevosa

o, quizá, si nos apuran

un navajazo al espíritu,

no serán, ni por asomo

heridas tan lacerantes

como aguantar cada día

siete horas sin descanso

una lengua viperina

llena de mala intención,

con las entrañas podridas

y ponzoña en la palabra,

y conseguir, sin embargo,

aferrarse a la templanza

y no perder los papeles.


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Vida de un lápiz

 He sido sólo un lápiz de grafito

y he escrito centenares de palabras;

algunas esfumadas por la goma

y el resto conservadas para siempre.


Hollé desde las páginas de un diario,

a humildes servilletas de papel,

siguiendo directrices de un dictado

o en vuelos de una mente fantasiosa.


A veces fui culpado en la sequía,

tal vez porque esperaban que salieran

ideas deslumbrantes de mi punta.

Por ello fui mil veces mutilado,


por crueles sacapuntas implacables.

Por ello ya mi vida se consume,

no queda más carbón en esta mina,

no quedan más promesas que anotar.



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Sufrimiento

 Te quejas sin sentido a la cajera

pues no hay otro color para las mallas

que vas a utilizar cinco o seis veces

antes de borrarte del gimnasio.

Te quejas si la sopa estaba sosa,

me dices que el tartar va poco hecho

y corres a poner una reseña

en Tripadvisor

que advierta a los clientes del futuro

(que igual que tú

se la cojan

con papel de fumar)

que no deben comer en este sitio.

Te quejas de ese tráfico infernal

de que haya tanta gente

que ha decidido

ir al mismo lugar

el mismo día.

Te quejas del aire

del sol, de las mareas,

del viento, de la lluvia,

de la tierra que pisas,

de la presión de mis caricias,

del exceso de pasión

que pongo al penetrarte,

de lo que duran tus orgasmos,

del volumen de la música,

de la mosca

que golpea en el cristal,

buscando una salida

probablemente

por no escucharte,

y pienso,

que quizá sería humano

que te practiquen la eutanasia

y que dejes por fin sufrir.




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Promesas

 El eco de tu voz recién escrita

tronó como un disparo entre las nubes

y atadas a ese hechizo inmarcesible

se unieron en empíreo parlamento.


Los nimbos retumbaron en su tesis,

los cirros escucharon muy callados,

los cúmulos, según sus circunstancias,

y viose algún estrato disidente.


Y al fin, hubo un estrépito,

relámpagos radiantes,

y el cielo ennegrecía por momentos;

la lluvia convocada

manó con gran violencia

bañando e inundando los caminos.

Fue entonces que supimos la verdad;

que todas tus promesas imprudentes,

tu pérfida dicción falsificada

tan solo era un falaz papel mojado 



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...y Cristo regresó, como dios manda...

 ...y Cristo regresó, como dios manda,

y vio que casi nadie le esperaba;

a muchos les sonaba a cuento chino

y al resto no lograba convencerles.


Se vio sin más opción que hacer milagros

y estuvo trending topic varios días;

salió en algún late night de gran audiencia

y siempre preguntaban por el truco.


"Convierte este Big Mac en una pizza"

pedían desde el público los niños

e incluso le pidieron unos selfies

con cierto ilustre VIP del reguetón.


Rogó comparecer ante la ONU

y obtuvo cita dentro de dos meses;

en cambio, le ofrecieron ser la estrella

de alguna compañía de seguros.

 

El papa lo trató como un rival

capaz de arrebatarle el monopolio

y pronto se olvidaron de su vuelta

tras un nuevo despecho de Shakira.


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El cielo no me da más que disgustos

El cielo no me da más que disgustos

e insiste en cercenar mi expectativa;

tan solo caen gotas de año en año

o a veces una tímida nevada.

 

Si acaso el armazón de algún satélite

que vuelve a casa lleno de respuestas,

o puede que la arena del desierto

que tiñe de rojizo la ciudad.

 

Y yo, que miro arriba me resigno,

sabiendo de lenguajes inventados,

de músicas tribales machaconas,

de míseros políticos inútiles;

 

de tóxicos que infectan el ambiente,

del precio demencial del carburante,

del vil absolutismo empresarial

o el hijo que dejamos a este mundo.

 

Saludo con tristeza a las Perseidas

y a todo el que se ve pasar de largo,

pensando que tal vez llegue ese día

que traiga un meteorito y nos extinga.


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El tipo que cuenta con los dedos

Si alguna vez se cruzan con un hombre

absorto mientras cuenta con los dedos

y pierde la mirada en una nube,

quizás estén delante de un poeta.

 

Habitan en lugares imprevistos

y no es su proceder parasitario;

en ellos todo ocurre en otra parte

a veces alejada de sus cuerpos.

 

No teman, no resultan peligrosos,

no más que cualquier otro transeúnte;

ni más que los que braman a su móvil

y nunca gastarán una sonrisa.

 

Ya sé que se pensaban extinguidos

pero ellos se propagan por esporas;

germinan en cabezas algo extrañas

que siempre atesoraron una lumbre

 

Por eso, si se cruzan con un tipo

absorto mientras cuenta con los dedos

no deben intentar despabilarle

pues puede que algún día sea yo.

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Noviazgo

 Vivimos un noviazgo singular

las tardes con permiso de visita;

yo hacía de un amante casi anónimo

y tú de la mejor madre del mundo.


Flotabas sosegada en las lagunas

recónditas y turbias de tu mente

pensando que yo no era mal muchacho

e incluso resultaba familiar.


Y así, yo me colgaba en tu sonrisa

fingiendo ser tu iluso pretendiente,

llevándote en volandas por el brazo

y hallando a una mujer desconocida.


Y luego, al transcurrir una semana

de nuevo comenzaba desde cero;

forjaba en el cortejo una costumbre

y tú te divertías tan feliz.


Una última ocasión de descubrirte

tan libre de ataduras y complejos;

sin duda fue el mayor de los regalos,

que nunca se corrompe ni prescribe.


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Le ruego, señorita

Le ruego, señorita, que se abstenga

de hacer que la respire de sus poros;

poseo un corazón desguarnecido

que puede malherirse en ese afán.

 

Le ruego que no siembre su entusiasmo

en esta piel vencida por el tiempo,

en este aglomerado de tejidos

quebrados por la miel y la derrota.

 

Le ruego, por favor, no me sonría,

no abuse de mis armas descarnadas

ni vierta en mis desagües su dulzura.

 

No anide en mi semblante ni me aborde;

pues sé que si me arranca un solo gesto

mañana hará terríficas crueldades.


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Catanas

Conviene no ir clavando la catana

en carnes tan altruistas como ajenas

y luego no ir pidiendo con sonrojo

las llaves de un perdón de mercadillo.

 

Conviene, sobre todo por lo incómodo

no ya de andar lidiando con las culpas;

más bien de constreñir cada hemorragia

producto de los cortes a destajo.

 

Conviene respirar profundamente,

contar del uno al diez si tiene estudios

y puede que ingerir alguna tila.

 

Conviene cualquier acto inofensivo,

sistemas de apertura retardada

que eviten el reguero de cadáveres.


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Amor

  No espero portentosos malabares,

ni muestras de gimnástico equilibrio;

No espero inesperados polvos mágicos

ni métodos de impulso tecnológico.

No espero sumisión ni mansedumbre,

ni el brillo de intelectos catedráticos;

no espero ningún físico modélico

ni atisbos de una afable santidad.

Tan solo unos latidos simultáneos,

un tiempo para fresas y manzanas

y un ímpetu entusiasta y compartido.

Un pálpito que augure que es posible

la súbita existencia de un amor

que asiente en una eterna primavera.

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Un minuto de silencio

 Un minuto de silencio,

una historia de sigilo,

una eterna discreción,

un segundo de mudez.

Siete vidas sin sonido,

mil eones de sosiego,

un instante entre la calma,

casi un siglo de afonía,

para decir que te quiero

y tú, con auriculares.


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miércoles, septiembre 30, 2026

El portero

 

 —No me jodas— reclamó Paco al auricular del teléfono. —¿Para cuánto tiempo?

Francisco Traverso, Paco Tracatrá para todos, presidente durante años de la Asociación de Peñas Cadistas y, desde las últimas elecciones tras la dimisión de Vizcaíno,  del Cádiz C.F., se enfrentaba aquel treinta y uno de enero a la situación más compleja que jamás se encontrara ningún alto cargo deportivo.

—¿Y eso con un buen fisioterapeuta no se le pasa? — preguntó angustiado. 

La voz al otro lado del teléfono pertenecía a Antonio Benjumea, jefe de los servicios médicos del club.

—Paco, es una fractura de fémur— aclaró el doctor, refiriéndose a "Conan" Ledesma.

—Entiendo, entiendo... ¿Y los otros?

—Pues... David tiene para ocho meses y los del B para dos y cuatro meses.

—¿Y los juveniles? —

La situación era dramática. Los dos porteros del primer equipo, los tres del Cádiz B y los juveniles, todos, estaban lesionados a la vez y para larga duración.  Era el día de cierre del mercado de invierno y, para colmo, estaba ingresado en la planta de cardiología del Puerta del Mar, después de un doble by pass tras la última derrota cadista. 

—Los juveniles lesionados también.  El único sano es Robledillo, y el padre lo ha retirado del equipo por malas notas— informó el galeno.

—Bien, bien, consígueme el número del padre de Robledillo. Hay que convencer a ese hombre como sea.

—Te llamo en cuanto lo tenga.

Juani entró en ese momento en la habitación con un par de bolsas.

—¡Paco!¡Tienes prohibido hablar por el móvil!

—Juani, esta es una situación límite. Como no encontremos un portero nos vamos a segunda. Sufrimos una epidemia— respondió airado, a punto de reventar los botones del pijama.

—Y si te da otro infarto... ¿Qué hago yo? — planteó firmemente su esposa.

—Tengo que hacer dos llamadas, Juani. Solo dos llamadas. Que nos cierran el mercado dentro de ocho horas y me veo poniendo al Pacha Espino de portero— suplicó el presidente.

—Como me dejes viuda te mato, Paco.

Paco restó importancia al comentario y pulsó el contacto de su director deportivo, el ex futbolista Sergio Rengifo.

—Sergio, por tu madre, dime que tienes a alguien.  

Al otro lado, Sergio carraspeó.

—Tengo a un portero ruso: Mamonenko.  Internacional sub-21. Veinte años, metro noventa y cuatro de estatura. Tiene que salir del Spartak de Moscú por algunos problemillas legales y nos lo dejarían barato. Trescientos mil euros y coge el primer avión. 

—Ole tus huevos, Sergio. Te como la cara— y, luego de reflexionar unos instantes, preguntó —¿Qué problemillas legales son esos, Sergio?

Sergio volvió a aclararse la voz

—A ver, Paco, es que el muchacho es un poquito gay y ya sabes que Putin no tolera eso mucho allí en Rusia— respondió algo azorado.

—Por el amor de Dios, Sergio, ¿vas a traer a Cádiz a un portero gay llamado Mamonenko? ¡¡¡Que el cachondeo va a ser histórico!!!

—Paco, es lo que hay—replicó el mánager.

—¿Es viable resolverlo esta tarde? — planteó Paco, al que Juani estaba a punto de estrangular.

—Haré todo lo posible.

—Bien, arréglalo y avísame cuando sea oficial—ordenó el maltrecho presidente finalizando la llamada.

Juani lo miraba enfadada. 

—Esto no puede seguir así, Paco. Antes éramos felices, íbamos al fútbol juntos y disfrutábamos de la afición con nuestros hijos y nuestros amigos. Pero esto se ha vuelto enfermizo. Y no lo digo porque veas los partidos en el palco, rodeado de empresarios y políticos, entre gin tonics y canapés. Es que tú dedicación al Cádiz es exclusiva. Te está costando la salud y te va a costar la familia. ¿Cuánto hace que no ves a tu nieta, Paco?¿Cuánto hace que no cenamos juntos?

Paco aguantó el chaparrón estoicamente, asintiendo lentamente. 

—Lo sé, Juani. Tienes razón.  Yo solo estoy intentando mantener al equipo en primera y sanear las cuentas sin chanchullos. Ser el presidente que siempre he querido tener. Te dije que sería duro y te pareció bien. ¡Me apoyaste! — se defendió.

— Te apoyé porque sé que es importante para ti y porque estoy convencida de tu honestidad. Pero llevas un año desaparecido y ni el infarto te ha detenido. Pensé que ahora te lo tomarías con más tranquilidad, pero veo...

El teléfono interrumpió a Juani. Paco miró la pantalla y vio que de nuevo era Sergio. Hizo un gesto de súplica y descolgó.

—Paco, no sé cómo decirte esto... Putin ha fusilado a Mamonenko esta misma tarde— se excusó Rengifo.

Paco colgó sin decir nada.

—El fútbol o yo, Paco— sentenció Juani.

—Juani... ¿tú alguna vez has jugado de portera?

 

 

 


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martes, septiembre 29, 2026

Cien canciones

 La canción que nunca supe terminar,

y los cientos que no tienen un principio;

la canción que nunca he escrito por desgana

y esa otra que anhelé toda la vida.


La canción que se ha aprendido todo el mundo,

la que nunca supo nadie que ha existido;

la que siempre se apropió quien no debía

la que sé que no gustó a su receptora.


La canción que trabajé durante años

y la rauda que compuse en diez minutos;

la canción que desperté y ya estaba hecha

y la esquiva que logró robarme el sueño.


La canción acomplejada y disonante,

la obstinada, testaruda y cabezota,

la olvidada en el baúl de los recuerdos

y la efímera canción que nunca fue.


Y si fueron cien canciones olvidadas

hilvanadas en el filo de mi historia

sé que no van a creerme si les cuento

las memorias de mis mil y un poemas.




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No estoy solo

 A veces me preguntan si estoy solo

y yo siempre respondo "En absoluto,

aquí, aunque no parezca, somos varios,

y siempre nos hacemos compañía.


Tenemos a ese tipo en los fogones

que evita que muramos desnutridos;

también está ese loco de la música

cantando cual si no hubiera un mañana.


Sumemos al que escribe los poemas

contando con los dedos todo el rato;

al pánfilo aprendiz de cineasta

grabando sus escenas con el móvil.


También están el loco, el confidente,

el tonto de la dieta bipolar,

aquel que quiere hacer más ejercicio

y el cutre que no cuida de su imagen.


El caso es que vivimos todos juntos

y nunca se nos ve mal avenidos;

quizá lo más terrible es que se marchan

y quedo yo al final durmiendo solo"


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domingo, septiembre 27, 2026

Roles

 Que fuimos manjares muy mal maridados

es algo que supe al primer entremés.

Tenías un cierto complejo de cava

y yo no pasaba de tinto peleón.

Poca cosa, pienso

para embriagarnos el uno al otro.

La vida ya me había cocinado,

poco hecho, 

en verdad, 

pero con un punto picante y agrio.

Tú sólo eras

la masa de un dulce casero

todavía sin cocer

con aspiraciones de coulant

si, algún día,

te hubieras decidido a entrar en el horno.

Yo no tenía mal gusto,

pero ya había conocido el hambre

y podía comer pan duro.

Tú mantenías aquel papel de gourmet,

oliéndome con la nariz arrugada

y mostrando,

sin pudor,

que no había sitio para mí,

en el presunto paraíso

de tu paladar.

Ambos morimos de esa inanición

que los juzgados,

bostezando,

llamaban divorcio.


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El mapa de lo que no dijimos

 Bebo tu nombre en la taza del café

solo y  amargo, tal y como siempre fue.

Guardo tu carta

sin haberla recibido

dentro de un libro 

que jamás terminaré.

Dime qué parte de nosotros

se quedó en aquel portazo, 

si cuando barriste 

rescataste algún pedazo.


Este es el mapa de lo que no dijimos,

calles sin salida que me llevan contigo,

mar de servilletas con proyectos torcidos,

brújulas girando sobre lo perdido,

y aún así,

me sé de memoria el camino.


Sueño tu risa

en pasillos solitarios

te compro flores

y las guardo en el armario


Cambio de tema

cuando escucho tu apellido,

hago chistes malos

o finjo estar dormido


Dime

si cuando cae la lluvia

también cambias de acera

si al doblar la esquina

todavía esperas que aparezca


Este es el mapa de lo que no dijimos

calles sin salida que me llevan contigo

mar de servilletas con proyectos torcidos

brújulas girando sobre lo perdido

y aún así

me sé de memoria el camino.


Tal vez en otra vida

lograré llegar temprano

sabré decir me quedo

antes de soltar tu mano


Tal vez en otra calle

nuestros pasos sean más sabios

y quizás nuestras palabras

no se mueran en los labios


Este es el mapa de lo que no dijimos

calles sin salida que me llevan contigo

mar de servilletas con proyectos torcidos

brújulas girando sobre lo perdido

y aún así

me sé de memoria el camino





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Maremágnum

 No lloro por ti

yo creo que me ha entrado algo en el ojo

y no me importa nada descubrir 

que para ti fui simple antojo.

No siento un agujero en las entrañas

ni una insoportable pena

y es anecdótico que aquella lágrima

se perdiera en la arena.

La gota que ha colmado el lagrimal

estaba prisionera,

se sirve de este error sentimental

para ser pasajera 

se mezcla con el agua y con la sal

sin patria ni frontera

y escapa de este estrecho litoral

una lágrima viajera.


No lloro por ti 

tal vez se me ha alojado un cuerpo extraño,

y siento que carece de importancia que me hayas hecho daño.

No albergo ni una brizna de despecho 

por matar nuestro futuro

y el llanto que ahora vierto en el Estrecho 

se llena de hidrocarburos. 

La lágrima viajera y emigrante

de la estrofa pasada 

se mezcla con oscuro carburante 

quedándose impregnada,

Revuelta en semejante maremágnum 

casi se desintegra.

Nos deja, como Bebo y el Cigala

una lágrima negra.


No lloro por ti, 

(es que estaba pelando una cebolla),

ni por echar vinagre en mis heridas 

ni sal en mis ampollas.

No creas que me afecta en absoluto 

la maldad de tu abandono

ni pienses que voy a guardarte luto,

que no te lo perdono. 

La lágrima rebelde e inflamable,

gota de queroseno,

ardiendo en esta historia interminable

el día del estreno, 

lavada por la lluvia torrencial

navega a la deriva

y mi ojo deposita en el umbral

una lágrima furtiva.



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Estoy vivo

 A veces, solo a veces

me cruzo una mirada

que dice "no te atreves",

retando sin palabras;

que desata una espiga

en mi aburrido electro

después de tantos meses

sin señales de vida.

A veces, solo a veces

me cruzo una sonrisa

cargada de glucosa;

de las perjudiciales

que matan a cualquiera

menos a este diabético

con cifras por los suelos

que muere por besarla 

y así sobrevivir.

A veces, solo a veces

estalla alguna risa

que bien podría estar

compuesta por Beethoven;

que rompe mis ensueños

y viene a recordarme

que incluso no estoy muerto,

tan solo me he dormido

un poco

de mí mismo.

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Una parte de ti

 Hay una parte de ti que no espera nada;

si acaso que baje la marea,

que amaine la tormenta,

que pasen los días

diluyendo el amargo sabor

de las lágrimas secas.

Si acaso que se acalle el rumor,

sordo, que pace dentro,

que se canse de murmurar

secretos a voces,

verdades a medias,

mentiras piadosas

y aguijones almendrados,

que matan un poco

los días que la cama

da un gélido abrazo solitario

y apaga los pulsos

y aterra a los ojos,

que se niegan a cerrarse

a menos que los anestesies

con lágrimas amargas

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A Álvaro Arriaza

 Si nadie va a morirse por sus huesos

lo mismo que lo haría un traumatólogo,

no juzguen las novelas por el prólogo

ni duden que el buen Álvaro es de esos.


Y sé que habrá algún día legendario

que cosa singularmente un disfraz

que vuelva cantautor a este rapaz

y triunfe más allá del escenario.


En tanto seguirá siendo poeta

rimando poco a poco hasta la meta

quebrantos y románticas verdades.


Hoy sabe que es un año algo más viejo

y yo que lo vigilo desde lejos

le quiero desear ¡¡Felicidades!!

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jueves, agosto 06, 2026

Manual para un desastre compartido

 Tal vez nos conocimos algo tarde,

a la hora en que los bares han cerrado,

o duelen demasiado las canciones

para oírlas con sueño y sin alcohol.


Traías un dossier de cicatrices,

incluso con notorias referencias;

yo estaba despedido de mí mismo

por vago y reincidente en la nostalgia.


Pedimos en la barra dos martinis

cansados de beber nuestras excusas.

Brindamos por los dos que fuimos antes

de vernos en aquella mesa coja.


Tú hablabas del amor como quien habla

de un fraude perseguido por hacienda,

con esos cuidadosos tecnicismos

de aquel que no lo encuentra muy legal.


Y yo, como es normal, solo asentía,

pues era de los tipos que en septiembre

lograba superar asignaturas

que nadie se atrevía ni a cursar.


Y claro, finalmente, nos besamos,

igual que dos ladrones debutantes

que ignoran si en verdad eso es un robo

o están poniendo cosas en su sitio.


Después vinieron días cotidianos,

cargados de pan duro y café tibio,

peleas por pamplinas trascendentes

y métodos de, al fin, hacer las paces,

que solo se veían en el cine.


Y en esas aprendimos a querernos,

sin red, sin garantías, sin seguro,

con algo de ese estúpido entusiasmo

que pones al montar, sin instrucciones,

un mueble que jamás se tiene en pie.


Pues tú dejabas luces encendidas

en zonas de la casa inhabitadas,

y yo apagaba incendios adoptivos

que luego nadie había declarado.


Pues éramos la cruel contradicción

de sábanas planchadas con resaca

sonriendo en una tarde de domingo.


Llegamos a jurar no hacernos daño,

que es el proceder más elegante,

de aquellos que en el fondo van a hacerlo.


Igual que los relojes fracturados,

había dos instantes en el día

que dábamos, unidos, la hora exacta.


Y entonces, hubo un martes al azar

—los dramas siempre escapan de los viernes—

que anclaste ante mis ojos tu mirada ,

con esa claridad insoportable

que tienes cuando has hecho las maletas

y todo el equipaje en tus adentros.


Dijiste: "esto no es amor"


Y yo, 

que siempre me guardé una despedida,

colgado de un abrazo imaginario,

te di la razón.


Aquello no era amor.


Era peor.


Era de verdad.




Ganador del III Premio de Poesía "Manolita Espinosa" de Almagro en 2026

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miércoles, agosto 05, 2026

A Juan Miguel Portillo

 Con Juan pasa a menudo, y sin razón,

que vemos al pirata, al mosquetero,

la espada, el octosílabo, el sombrero,

la chanza, la pericia, la intención.


Y Juan tiene un enorme corazón 

que late con la fuerza de un guerrero,

un sístole de noble caballero

que monta la cabeza de un dragón.


A Juan, que con las rimas hace magia,

le brota una poética hemorragia

de imágenes, de estrofas y versículos.


Y, en cambio, lo mejor de sus poemas

es siempre que te rompen los esquemas,

y salen del calor de sus ventrículos.

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lunes, agosto 03, 2026

El último habitante de este mundo

  Los virus infestaron el planeta

y luego nos llovieron meteoritos,

los campos, arrasados y marchitos,

lloraron la extinción casi completa.


Los mares desaguaron en la grieta

que abrieron terremotos inauditos,

volcanes proyectando megalitos,

y el cráter del impacto de un cometa.


Quedaron sin cervezas en los bares,

ardieron arsenales nucleares,

y el núcleo emergió de lo profundo.


Y aquí pervivo yo, tan vivaracha;

yo soy la sempiterna cucaracha, 

el último habitante de este mundo.


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