Pequeñeces
Hoy debo revelarte este secreto:
no hacemos asambleas clandestinas,
no damos instrucciones en tu contra
ni hay dianas en el centro de tu ombligo.
El mundo sigue un curso rutinario
pendiente de problemas de otra índole,
ganándose las propias habichuelas
o absorto con las costras de sus llagas.
Quizás pueda ayudar que te levantes
y dones tu sonrisa al auditorio
en vez de consagrate al victimismo.
A veces, sin dudar, te aplaudiría
y, en cambio, deberías ir sabiendo
que nadie va a venir a rescatarte.

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